Este invierno que cala en los huesos
Camino despacio por una avenida y sigo pensando que la vida es un anuncio de neón con algunas letras fundidas. Me arden los ojos y no dejo de mirar al cielo, pero las anclas que tengo hundidas en el suelo me impiden levantar el vuelo. Y maldigo el frío que cala los huesos.
Será que no me sirven estas alas de utilería porque tengo membresía en el infierno, acaso porque es fin de año y el invierno entume los huesos. Esta melancolía alcanzaría para jubilar a todos los Santacloses de barba postiza y risa estúpida. Entro en una librería del Centro y hojeo un libro sobre Frida Kahlo. Entonces me acuerdo de Paula, que admiraba a la pintora aunque yo le advertía que me parecía una artista sobrevalorada. Paula no me ha respondido mi solicitud de Facebook que le envié hace más de un año. Y perdí su número telefónico, así que ni como pedirle que me regrese los libros de Kundera que tomó prestados, aunque yo sospechaba que no volvería verlos.
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