lunes, 4 de marzo de 2013


EL DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA 

‘Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, si no aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz. Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.
Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.
Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes…Los que estamos fuera de foco somos los hombres)
Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.
Y un HOMBRE……..UN HOMBRE EXQUISITO es aquel que valora a una mujer así………….. Que se siente orgulloso de tenerla como compañera…. Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento… Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes…
La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser ‘Muy machas’ nos llevan gran recorrido… ¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque…
¡Tonto y mil veces tonto el hombre que come basura en la calle, teniendo un exquisito manjar en casa’.
-Ha sido uno de los poemas que más me ha gustado, porque refleja como debe ser una verdadera mujer, más que ser una mujer verdadera, nos enseña a respetarlas y valorarlas. Igual nos dice que tontos son los hombres que buscan a varias mujeres, pudiendo querer solo a una.



Palabras breves.

     Una vez en un pequeño pueblo de una pequeña cuidad, había un grandioso pianista inédito, ese hombre era tan especial y tan humilde, pero él quería llegar más lejos de lo que era en ese momento, así que se fue de lugar en lugar donde él pensó que necesitaran a alguien como él.
     Pero había otro hombre, de esos fracasados que buscan que la gente sea igual o más infeliz que ellos solo para que se sientan mejor. Una tarde de principios de diciembre, el pianista fue a buscar empleo, más que empleo una oportunidad; se topó con ese hombre y ese hombre enseguida notó una pequeña pisca de esperanza, así que noto que podría ser una nueva víctima. El pianista termino su prueba en el lugar que visito y enseguida el pesimista le dijo ¿Si eres un gran pianista y te corto un brazo que haces? –Mmm me dedico a pintar, buenas noches. El pianista salió un poco desconcertado, pero tranquilo. Una mañana despertó sin un brazo; él nunca supo porque, ni  que hacer, pensó que era el fin de su vida, pero recordó lo que contesto ese día. Entonces busco como pintar lo que se le venía a la imaginación, así que hizo unos cuantos cuadros y salió a venderlos. En el camino se encontró a él hombre, entonces le dijo, eres un gran pintor, ¿Qué pasa si te faltará el otro brazo? –Me dedico a bailar, ¡Oh me tengo que ir, disculpe!. El pianista, ahora pintor, no recordó al tipo, pasó desapercibido.
     Semanas después sufrió un “accidente” que lo dejo sin el otro brazo, y pensó que no pasaba nada, que los accidentes pasan; así que comenzó a tomar clases de baile, porque quería salir adelante. Tiempo después en una pequeña red social, escribió: “Ahora soy un gran bailarín, pero si no tuviera pies, me dedicaría a cantar”.
     El sujeto pesimista seguía tanto al “pianista” hasta el punto de stalkearlo. El “pianista” tuvo unas cuantas presentaciones, hasta que una tarde el camión en el que iba se volcó en una curva, a causa de no tener frenos. Por causa del accidente le tuvieron que amputar las piernas. Al sujeto le dolió tanto ese accidente, porque pensó que tal vez él no debería de ser lo que quería ser, por eso le pasaban tantas cosas a él.
     Él tipo era un guerrero, así que no tuvo otra opción que cantar, pero cantar con el corazón, porque era el musculo más fuerte que le podía quedar en ese momento para salir adelante. El “pianista”, antes pintor, antes bailarín, y ahora cantante; fue un gran ejemplo a seguir, sus historia de vida pasó por cientos de lugares, todos decían que era un hombre increíble; fue tanto así que un escritor quiso plasmar su historia en un libro, de una forma peculiar. El escritor lo fue a buscar a su casa para una pequeña entrevista, donde el sujeto contaba su historia desde que tenía el sueño de ser un pianista más que famoso, querido; alcanzo a mencionar a un sujeto que siempre le pareció muy sospechoso por las cosas que le pasaban, pero que nunca supo si ese sujeto fue el culpable.
     Al final de contar su historia el escritor le dijo: -De pianista pasaste a ser pintor de un brazo, al perder tu otro brazo fuste un estupendo bailarín, y ahora que no tienes tus dos piernas eres un gran cantante. ¿Si eres un gran cantante y te corto la garganta, que haces? El sujeto respondió sin pensar. –Como ya estaría muerto, pediría que con mi piel se fabriqué un hermoso tambor, para tocar la música más hermosa. El escritor sorprendido le volvió a preguntar. -¿Y si quemo el tambor, que haces? –No sé si sería posible, pero me gustaría ser una nube que tome todas las formas y adornar el paisaje. El escritor aún más desconcertado le volvió a preguntar. -¿Pero si la nube se disuelve, que haces?  -Me convertiría en lluvia, y hago que nazcan todas las hierbas y flores.
     Al escritor le fascino tanto la historia del “pianista” como ahora es recordado; le causo tan maravilla, que decidió plasmar en un cuento breve, estas sencillas palabras.









Resumen de Pedro Páramo.

    Juan Preciado vio morir a su madre Dolores en un hospital. Cuando ya estaba a punto de fallecer, le dijo que su último deseo era que fuera al pueblo de Cómala para que conociera a su padre: Pedro Páramo. Juan Preciado, se dirigió a Cómala para conocer a su papá, que nunca había visto. Todo lo que sabía de él, es que habitaba en Cómala y que se llamaba Pedro Páramo.
    Cuando iba por un camino, de tierra, Juan Preciado se topó con un señor que era arriero. Juan le preguntó que si conocía el camino para ir a Cómala, este le respondió que sí. Después, Juan le preguntó que si conocía a un hombre llamado Pedro Páramo. Rápidamente este le dijo que si, que él era su papá. Así que Juan decidió preguntarle su nombre, este le respondió que se llamaba Abundio. Al oír que su padre era Pedro, Juan se sorprendió porque se percató de que su padre no solo el, Juan, era su hijo.
    Caminaron por el camino de tierra hasta llegar a Cómala. De inmediato Juan le dijo a Abundio que el pueblo parecía deshabitado. Que si sabía dónde vivía Pedro. Abundio le respondió que ya estaba muerto. Juan no sabía dónde se iba a quedar en Cómala, pero le pregunto a Abundio y este le dijo que se quedara en la casa de una señora llamada Doña Eduviges.
    Abundio lo llevo hasta donde Eduviges habitaba. Al llegar Juan tocó la puerta y rápidamente abrió la señora. Esta le dijo rápidamente que si él era el hijo de Dolores Preciado. Este le contestó que sí, pero no tenía idea de cómo sabía. Así que le preguntó. Y la señora le contesto que su madre le platicaba mucho de él. Él se sorprendió ante la respuesta de la señora ya que su madre ya estaba muerta. Y ella le dijo que le aviso que iba a ir. Pero como iba a saber ella que él era Juan Preciado si su madre había muerto, como le había podido avisar. Eduviges le dio un paseo por la casa a Juan. Le mostró su habitación.
    Le comentó a Eduviges que de camino a Cómala se encontró a un arriero llamado Abundio, que él lo había conducido hasta su casa. Ella le respondió que Abundio ya estaba muerto. Días después conoció a una tal Damiana. El creyó que era Eduviges la que había entrado. Pero fue cuando Damiana le comentó que la Doña ya estaba muerta. Juan estaba muy sorprendido al saber que había estado platicando con muertos.
    Muy desesperado, Juan empezó a caminar hasta llegar a casa de unas personas que estaban vivas. Creían que Juan era un ladrón, ya que hacía mucho tiempo ya que nadie habitaba el pueblo.
Cierta noche, Juan tuvo problemas para respirar y murió. Después de eso se enteró de cómo era su padre. Nadie lo quería. Era muy egoísta. Además, se aprovechaba de cualquier mujer, y tenía muchos hijos.
Solamente Pedro Páramo amó a una mujer llamada: Susana San Juan.
Pedro Páramo fue asesinado por Abundio, su propio hijo quien estaba alcoholizado en ese momento. Le dio una puñalada, frente a Damiana, así que ella se lo llevó caminando. Pedro empezó a alucinar con Susana. Damiana lo empezó a sentir cada vez menos ligero, y se le cayó ya que no podía más con el. Y murió. Murió en los brazos de Damiana.
Conclusión:
Con este trabajo obtuve mayor experiencia al hacer trabajos de análisis literarios. La historia esta muy aburrida, y algo confusa por lo que no me agrado este libro. Normalmente no me gusta leer, pero si se trata de algo interesante no lo dejo de leer. Con este libro me paso lo contrario, no me agrado por lo que no tenía muchas ganas de continuar leyéndolo.


-Carlos Daniel Sánchez Reyes
#41              T/M              2°3


Poema 
Dos rojas lenguas de fuego.

Dos rojas lenguas de fuego

que, a un mismo tronco enlazadas,

se aproximan, y al besarse

forman una sola llama;

dos notas que del laúd

a un tiempo la mano arranca,

y en el espacio se encuentran

y armoniosas se abrazan;

dos olas que vienen juntas

a morir sobre una playa

y que al romper se coronan

con un penacho de plata;

dos jirones de vapor

que del lago se levantan

y al juntarse allá en el cielo

forman una nube blanca;

dos ideas que al par brotan,

dos besos que a un tiempo estallan,

dos ecos que se confunden,

eso son nuestras dos almas.

Gustavo Adolfo Becquer

El motivo por el cual he decido poner este poema, es debido a que de alguna forma me recuerda que cuando se esta enamorado de otra persona, uno mismo y la otra persona ya no son dos, sino una sola, a causa de que el amor que se encuentra entre ambos hace adherirse con el alma, el cuerpo, la mente y el corazón a aquella persona, desde mi parecer, este poema describe esto de una forma de expresión aun mas bella.


Cuento

Asesino Enamorado
Cierto día una joven de 21 años de edad llamada Juliette, iba caminando por las calles de Francia, después de un largo día de agotadores ensayos de actuación en la escuela. El sueño de esta chica era poder ser una de las grandes actrices reconocidas en todo el país y claro que mejor seria serlo en todo el mundo, pero para lograrlo debía estudiar dos años mas para terminar su carrera de actuación.

Al ir pensando un rato sobre lo que le gustaría hacer por la noche, opto por salir a divertirse y distraerse un poco con sus amigas Lilianne y Judith. Les hablo por teléfono y decidieron ir al Bar Calle Ocho en Bordeaux Francia, debido a que el ambiente ahí es muy esplendoroso porque es un sitio muy entretenido y con mucho ambiente, es un lugar en el que bailan mucha salsa.

Entre el baile, la diversión y las copas Lilianne y Judith comenzaban a perder más el control debido a la ebriedad, mientras que Juliette permanecía un poco mas tranquila, un poco después ella miraba la pantalla de su celular para leer un mensaje que le había mandado su ex novio Jérémie pidiéndole perdón por haberla engañado con otra mujer desde hace tiempo atrás, al levantar la mirada pudo ver a un joven y apuesto hombre que la estaba observando y al mismo tiempo le sonreía  para ella el tipo no fue alguien que le causara importancia, pues no tenia intenciones de relacionarse con alguien mas después de lo sucedido con  Jérémie.

Al pasar las horas Juliette notaba que el hombre aquel no dejaba de mirarla, pero no hizo caso alguno, al poco rato sus amigas y ella decidieron salir del bar porque ya era algo tarde, no querían que les pasara algo parecido a lo que había sucedido en asesinatos recientes de los que habían escuchado que les hacían a las jóvenes después de una noche de diversión  Cada una tomo rumbo hacia su casa, sin embargo Julitte no encontró transporte para legar a casa tubo que caminar, por lo menos no le quedaba muy lejos, mientras caminaba sentía que alguien la iba persiguiendo, pero al mirar atrás no veía a nadie, siguió su paso y volvió a escuchar sonidos y cuando miro atrás vio a aquel hombre que no la dejaba de mirar ni un solo momento en el bar, ella quedo perpleja y poco molesta le pregunto:
¿Por qué me sigues?
El respondió  Disculpa el atrevimiento de seguirte, lo siento, pero me pareciste una mujer muy atractiva e interesante, solo pretendía saber tu nombre. Trate de acercarme ati en el bar pero no quise molestarte, ya que parecías entretenida con tus amigas, ¿Son tus amigas, cierto?
Así es, son mis amigas- Ella respondió
El dijo- Entonces… si no es mucho el atrevimiento ¿Cuál es tu nombre?Mi nombre es Nathan.
Ella le contesto- Soy Juliette
Nathan contesto- Ok Juliette. ¡Mucho gusto! ¿Te gustaría salir un día de estos conmigo para conocernos un poco mas? Puedo llamarte por teléfono y nos podemos poner de acuerdo
Juliette le respondió- Mucho gusto Nathan, esta bien te doy mi numero
A Juliette le pareció que Nathan era un joven educado y no con malas intenciones, parecía ser una persona que no buscaba solo querer pasar un rato con las mujeres, por ello accedió a salir y a darle su numero, aunque le pareció extraño que la siguiera, es decir  si ella no lo hubiera tomado por sorpresa de que la seguía  ¿Que esperaba hacer el?, aun así decidió conocerlo no precisamente para una relación sino quizá como una amistad.
Al pasar los meses ellos se conocieron mas y mas, salían con o sin los amigos de Nathan y Juliette, se divertían mucho, pero solo como amigos, al llegar a un año de amistad Nathan le dijo que estaba enamorado de Juliette, ella le dijo que también lo estaba, en ese momento comenzaron una relación.

Hasta el momento todo parecía ir bien hasta que un día Juliette recibio una noticia muy triste e inesperada. Lo asesinatos de chicas en las que las mataban y les arrancaban el corazón del pecho, en Francia seguían estando presentes desde hace un año y en esta ocasión la victima había sido su amiga Judith, la descubrieron muerta cerca de un parque, este asesinato se debía a las misma persona de las demás muertes.

Al pasar los meses Juliette notaba raro a Nathan ya no era como antes era mas descuidado en su relación  todo el tiempo estaba saliendo, aunque cuando podía era atento con ella, un día ella decidió seguirlo y saber a donde iba, era de noche ya casi nadie había en las calles, después  de un momento a otro Juliette miraba como el observaba a otra mujer que salir de un bar y después la iba persiguiendo, ella le seguía el paso. Cuando de repente vio que Nathan se acerco a aquella mujer que pasaba cerca de un callejón  el le hablo y cuando menos lo espero aquella mujer, la jalo hacia el callejón  enseguida Juliette corrió y le grito desesperada Nathan, ¿Qué estas haciendo? ¿Por qué haces esto? ¿Entonces tu eres?
El enseguida volteo cuando ella le hablo y le dijo no Juli no, yo te explico, pero la mujer a la que quería asesinar Nathanal al  ver la distracción  por querer defenderse tomo la pistola que cargaba Nathan y le disparo en el pecho, después se fue corriendo y Juliette al verlo caer se acerco a levantarlo y entre lagrimas le dijo ¿Por qué Nathan?, el respondió  Perdona Juli sabes que te amo y mas aun perdón por intentar hacer lo mismo contigo en un momento dado, pero no lo hice por que has sido la única que robo mi corazón y por ello jamas te aria daño. Se feliz con alguien mejor que yo pues lo mereces, Juliette confundida, aterrorizada, triste, con todas las emociones existentes en su corazón vio como Nathan moría.

Tiempo después cuando termino su carrera retomo esta historia que le paso con Nathan, e hizo una obra de ello, siendo obviamente la protagonista. Esto de alguna forma enseño a Juliette que a pesar de que quizá Nathan fuera un asesino, que arrancara el corazón a todas esas mujeres,  ella fue la única que le arranco el corazón a Nathan por el amor que el sentía por ella.

Por: Maria Fernanda Perez Vazquez


Ensayo
Pedro Páramo
Desde mi punto de vista tanto la película como el libro son muy interesantes, ya que la trama es muy entretenida. Según esto, es un tiempo indefinido, percibo que Pedro Páramo, es una persona que no tiene sentimientos es un ser desalmado explotador de campesinos, aparte de ser un mujeriego y seductor, el crece lleno de odio y como un jovenzuelo calavera, ambicioso, violador de cuanta mujer le interesaba, dependiendo si era por lujuria o conveniencia, por esta misma razón el pueblo de Cómala le tiene miedo, decía que todos eran hijos de Pedro Páramo.
Y bueno, Páramo no solo soborna a las autoridades, si no que también expulsa a sus vecinos para quedarse con sus tierras, cometiendo toda clase de arbitrariedades y atropellos, tal como sucede con Toribio Aldrete, quien al reclamar sus derechos es ahorcado por órdenes del cacique.
Las principales deudas que el padre tenía al morir eran con las dos hermanas Preciado y, para saldarlas, Pedro se casa con Dolores, una de ellas, futura madre de Juan Preciado. Este es pues, desde mi punto de vista el personaje principal porque es con el que se inicia la película.
El punto principal que se debe tomar es que en este pueblo todo esta muerto y por la misma razón Juan Preciado muere de espanto, ahogado por los murmullos, por las voces de los muertos, por el miedo.

Por: Maria Fernanda Perez Vazquez
















Mi miedo crece
Recuerdo aquel día, triste
Tu alma se desprendió de este infierno
El mundo comenzó a llorar tu partida

 
Cuando solo quería conocerte
Conocí tu adiós
Cuando te vi vivir
Conocí tu muerte

 
El adiós me fortaleció
Nadie borrara tu recuerdo
Mientras mi cascaron no se rompa
Quien  recuerda

 
Cuando quería conocerte
Y conocí tu adiós
Cuando te vi vivir
Y conocí tu muerte

 
Dime adiós (adiós)
Dime adiós (perdón)
Y recuerda que este corazón
Solo  quería

 
Conocerte
Y conoció tu adiós
Solo quería verte vi vivir
Y conoció tu muerte.

por:  Daniel Isaac Flores Delgado     2.3     T/M



LUVINA

 

De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso. Está plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal con ella ni le sacan ningún provecho. Allí la llaman piedra cruda, y la loma que sube hacia Luvina la nombran Cuesta de la Piedra Cruda. El aire y el sol se han encargado de desmenuzarla, de modo que la tierra de por allí es blanca y brillante como si estuviera rociada siempre por el rocío del amanecer; aunque esto es un puro decir, porque en Luvina los días son tan fríos como las noches y el rocío se cuaja en el cielo antes que llegue a caer sobre la tierra.
…Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde de tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo. Un viento que no deja crecer ni a las dulcamaras: esas plantitas tristes que apenas si pueden vivir un poco untadas en la tierra, agarradas con todas sus manos al despeñadero de los montes. Sólo a veces, allí donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas blancas. Pero el chicalote pronto se marchita. Entonces uno lo oye rasguñando el aire con sus ramas espinosas, haciendo un ruido como el de un cuchillo sobre una piedra de afilar.
-Ya mirará usted ese viento que sopla sobre Luvina. Es pardo. Dicen que porque arrastra arena de volcán; pero lo cierto es que es un aire negro. Ya lo verá usted. Se planta en Luvina prendiéndose de las cosas como si las mordiera. Y sobran días en que se lleva el techo de las casas como si se llevara un sombrero de petate, dejando los paredones lisos, descobijados. Luego rasca como si tuviera uñas: uno lo oye mañana y tarde, hora tras hora, sin descanso, raspando las paredes, arrancando tecatas de tierra, escarbando con su pala picuda por debajo de las puertas, hasta sentirlo bullir dentro de uno como si se pusiera a remover los goznes de nuestros mismos huesos. Ya lo verá usted.
El hombre aquel que hablaba se quedó callado un rato, mirando hacia afuera.
Hasta ellos llegaba el sonido del río pasando sus crecidas aguas por las ramas de los camichines, el rumor del aire moviendo suavemente las hojas de los almendros, y los gritos de los niños jugando en el pequeño espacio iluminado por la luz que salía de la tienda.
Los comejenes entraban y rebotaban contra la lámpara de petróleo, cayendo al suelo con las alas chamuscadas.
Y afuera seguía avanzando la noche.
-¡Oye, Camilo, mándanos otras dos cervezas más! -volvió a decir el hombre. Después añadió:
-Otra cosa, señor. Nunca verá usted un cielo azul en Luvina. Allí todo el horizonte está desteñido; nublado siempre por una mancha caliginosa que no se borra nunca. Todo el lomerío pelón, sin un árbol, sin una cosa verde para descansar los ojos; todo envuelto en el calín ceniciento. Usted verá eso: aquellos cerros apagados como si estuvieran muertos y a Luvina en el más alto, coronándolo con su blanco caserío como si fuera una corona de muerto…
Los gritos de los niños se acercaron hasta meterse dentro de la tienda. Eso hizo que el hombre se levantara, fuera hacia la puerta y les dijera: “¡Váyanse más lejos! ¡No interrumpan! Sigan jugando, pero sin armar alboroto.”
Luego, dirigiéndose otra vez a la mesa, se sentó y dijo:
-Pues sí, como le estaba diciendo. Allá llueve poco. A mediados de año llegan unas cuantas tormentas que azotan la tierra y la desgarran, dejando nada más el pedregal flotando encima del tepetate. Es bueno ver entonces cómo se arrastran las nubes, cómo andan de un cerro a otro dando tumbos como si fueran vejigas infladas; rebotando y pegando de truenos igual que si se quebraran en el filo de las barrancas. Pero después de diez o doce días se van y no regresan sino al año siguiente, y a veces se da el caso de que no regresen en varios años.
“… Sí, llueve poco. Tan poco o casi nada, tanto que la tierra, además de estar reseca y achicada como cuero viejo, se ha llenado de rajaduras y de esa cosa que allí llama ‘pasojos de agua’, que no son sino terrones endurecidos como piedras filosas que se clavan en los pies de uno al caminar, como si allí hasta a la tierra le hubieran crecido espinas. Como si así fuera.”
Bebió la cerveza hasta dejar sólo burbujas de espuma en la botella y siguió diciendo:
-Por cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y usted, si quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que allí sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca. Está allí como si allí hubiera nacido. Y hasta se puede probar y sentir, porque está siempre encima de uno, apretada contra de uno, y porque es oprimente como un gran cataplasma sobre la viva carne del corazón.
“… Dicen los de allí que cuando llena la luna, ven de bulto la figura del viento recorriendo las calles de Luvina, llevando a rastras una cobija negra; pero yo siempre lo que llegué a ver, cuando había luna en Luvina, fue la imagen del desconsuelo… siempre.
“Pero tómese su cerveza. Veo que no le ha dado ni siquiera una probadita. Tómesela. O tal vez no le guste así tibia como está. Y es que aquí no hay de otra. Yo sé que así sabe mal; que agarra un sabor como a meados de burro. Aquí uno se acostumbra. A fe que allá ni siquiera esto se consigue. Cuando vaya a Luvina la extrañará. Allí no podrá probar sino un mezcal que ellos hacen con una yerba llamada hojasé, y que a los primeros tragos estará usted dando de volteretas como si lo chacamotearan. Mejor tómese su cerveza. Yo sé lo que le digo.”
Allá afuera seguía oyéndose el batallar del río. El rumor del aire. Los niños jugando. Parecía ser aún temprano, en la noche.
El hombre se había ido a asomar una vez más a la puerta y había vuelto. Ahora venía diciendo:
-Resulta fácil ver las cosas desde aquí, meramente traídas por el recuerdo, donde no tienen parecido ninguno. Pero a mí no me cuesta ningún trabajo seguir hablándole de lo que sé, tratándose de Luvina. Allá viví. Allá dejé la vida… Fui a ese lugar con mis ilusiones cabales y volví viejo y acabado. Y ahora usted va para allá… Está bien. Me parece recordar el principio. Me pongo en su lugar y pienso… Mire usted, cuando yo llegué por primera vez a Luvina… ¿Pero me permite antes que me tome su cerveza? Veo que usted no le hace caso. Y a mí me sirve de mucho. Me alivia. Siento como si me enjuagaran la cabeza con aceite alcanforado… Bueno, le contaba que cuando llegué por primera vez a Luvina, el arriero que nos llevó no quiso dejar siquiera que descansaran las bestias. En cuanto nos puso en el suelo, se dio media vuelta:
“-Yo me vuelvo -nos dijo.
“-Espera, ¿no vas a dejar sestear a tus animales? Están muy aporreados.
“-Aquí se fregarían más -nos dijo- mejor me vuelvo.
“Y se fue dejándose caer por la Cuesta de la Piedra Cruda, espoleando sus caballos como si se alejara de algún lugar endemoniado.
“Nosotros, mi mujer y mis tres hijos, nos quedamos allí, parados en la mitad de la plaza, con todos nuestros ajuares en nuestros brazos. En medio de aquel lugar en donde sólo se oía el viento…
“Una plaza sola, sin una sola yerba para detener el aire. Allí nos quedamos.
“Entonces yo le pregunté a mi mujer:
“-¿En qué país estamos, Agripina?
“Y ella se alzó de hombros.
“-Bueno, si no te importa, ve a buscar dónde comer y dónde pasar la noche. Aquí te aguardamos -le dije.
“Ella agarró al más pequeño de sus hijos y se fue. Pero no regresó.
“Al atardecer, cuando el sol alumbraba sólo las puntas de los cerros, fuimos a buscarla. Anduvimos por los callejones de Luvina, hasta que la encontramos metida en la iglesia: sentada mero en medio de aquella iglesia solitaria, con el niño dormido entre sus piernas.
“-¿Qué haces aquí, Agripina?
“-Entré a rezar -nos dijo.
“-¿Para qué? -le pregunté yo.
“Y ella se alzó de hombros.
“Allí no había a quién rezarle. Era un jacalón vacío, sin puertas, nada más con unos socavones abiertos y un techo resquebrajado por donde se colaba el aire como un cedazo.
“-¿Dónde está la fonda?
“-No hay ninguna fonda.
“-¿Y el mesón?
“-No hay ningún mesón
“-¿Viste a alguien? ¿Vive alguien aquí? -le pregunté.
“-Sí, allí enfrente… unas mujeres… Las sigo viendo. Mira, allí tras las rendijas de esa puerta veo brillar los ojos que nos miran… Han estado asomándose para acá… Míralas. Veo las bolas brillantes de su ojos… Pero no tienen qué darnos de comer. Me dijeron sin sacar la cabeza que en este pueblo no había de comer… Entonces entré aquí a rezar, a pedirle a Dios por nosotros.
“-¿Porqué no regresaste allí? Te estuvimos esperando.
“-Entré aquí a rezar. No he terminado todavía.
“-¿Qué país es éste, Agripina?
“ Y ella volvió a alzarse de hombros.
“Aquella noche nos acomodamos para dormir en un rincón de la iglesia, detrás del altar desmantelado. Hasta allí llegaba el viento, aunque un poco menos fuerte. Lo estuvimos oyendo pasar encima de nosotros, con sus largos aullidos; lo estuvimos oyendo entrar y salir de los huecos socavones de las puertas; golpeando con sus manos de aire las cruces del viacrucis: unas cruces grandes y duras hechas con palo de mezquite que colgaban de las paredes a todo lo largo de la iglesia, amarradas con alambres que rechinaban a cada sacudida del viento como si fuera un rechinar de dientes.
“Los niños lloraban porque no los dejaba dormir el miedo. Y mi mujer, tratando de retenerlos a todos entre sus brazos. Abrazando su manojo de hijos. Y yo allí, sin saber qué hacer.
“Poco después del amanecer se calmó el viento. Después regresó. Pero hubo un momento en esa madrugada en que todo se quedó tranquilo, como si el cielo se hubiera juntado con la tierra, aplastando los ruidos con su peso… Se oía la respiración de los niños ya descansada. Oía el resuello de mi mujer ahí a mi lado:
“-¿Qué es? -me dijo.
“-¿Qué es qué? -le pregunté.
“-Eso, el ruido ese.
“-Es el silencio. Duérmete. Descansa, aunque sea un poquito, que ya va a amanecer.
“Pero al rato oí yo también. Era como un aletear de murciélagos en la oscuridad, muy cerca de nosotros. De murciélagos de grandes alas que rozaban el suelo. Me levanté y se oyó el aletear más fuerte, como si la parvada de murciélagos se hubiera espantado y volara hacia los agujeros de las puertas. Entonces caminé de puntillas hacia allá, sintiendo delante de mí aquel murmullo sordo. Me detuve en la puerta y las vi. Vi a todas las mujeres de Luvina con su cántaro al hombro, con el rebozo colgado de su cabeza y sus figuras negras sobre el negro fondo de la noche.
“-¿Qué quieren? -les pregunté-. ¿Qué buscan a estas horas?
“ Una de ellas respondió:
“-Vamos por agua.
“Las vi paradas frente a mí, mirándome. Luego, como si fueran sombras, echaron a caminar calle abajo con sus negros cántaros.
“ No, no se me olvidará jamás esa primera noche que pasé en Luvina.
“…¿No cree usted que esto se merece otro trago? Aunque sea nomás para que se me quite el mal sabor del recuerdo.”
-Me parece que usted me preguntó cuántos años estuve en Luvina, ¿verdad…? La verdad es que no lo sé. Perdí la noción del tiempo desde que las fiebres me lo enrevesaron; pero debió haber sido una eternidad… Y es que allá el tiempo es muy largo. Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupa cómo van amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza.
“Usted ha de pensar que le estoy dando vueltas a una misma idea. Y así es, sí señor… Estar sentado en el umbral de la puerta, mirando la salida y la puesta del sol, subiendo y bajando la cabeza, hasta que acaban aflojándose los resortes y entonces todo se queda quieto, sin tiempo, como si viviera siempre en la eternidad. Esto hacen allí los viejos.
“Porque en Luvina sólo viven los puros viejos y los que todavía no han nacido, como quien dice… Y mujeres sin fuerzas, casi trabadas de tan flacas. Los niños que han nacido allí se han ido… Apenas les clarea el alba y ya son hombres. Como quien dice, pegan el brinco del pecho de la madre al azadón y desaparecen de Luvina. Así es allí la cosa.
“Sólo quedan los puros viejos y las mujeres solas, o con un marido que anda donde sólo Dios sabe dónde… Vienen de vez en cuando como las tormentas de que les hablaba; se oye un murmullo en todo el pueblo cuando regresan y uno como gruñido cuando se van… Dejan el costal de bastimento para los viejos y plantan otro hijo en el vientre de sus mujeres, y ya nadie vuelve a saber de ellos hasta el año siguiente, y a veces nunca… Es la costumbre. Allí le dicen la ley, pero es lo mismo. Los hijos se pasan la vida trabajando para los padres como ellos trabajaron para los suyos y como quién sabe cuántos atrás de ellos cumplieron con su ley…
“Mientras tanto, los viejos aguardan por ellos y por el día de la muerte, sentados en sus puertas, con los brazos caídos, movidos sólo por esa gracia que es la gratitud del hijo… Solos, en aquella soledad de Luvina.
“Un día traté de convencerlos de que se fueran a otro lugar, donde la tierra fuera buena. ‘¡Vámonos de aquí! -les dije-. No faltará modo de acomodarnos en alguna parte. El gobierno nos ayudará.’
“Ellos me oyeron, sin parpadear, mirándome desde el fondo de sus ojos, de los que sólo se asomaba una lucecita allá muy adentro.
“-¿Dices que el gobierno nos ayudará, profesor? ¿Tú no conoces al gobierno?
“Les dije que sí.
“-También nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la madre de gobierno.
“Yo les dije que era la Patria. Ellos movieron la cabeza diciendo que no. Y se rieron. Fue la única vez que he visto reír a la gente de Luvina. Pelaron sus dientes molenques y me dijeron que no, que el gobierno no tenía madre.
“Y tienen razón, ¿sabe usted? El señor ese sólo se acuerda de ellos cuando alguno de los muchachos ha hecho alguna fechoría acá abajo. Entonces manda por él hasta Luvina y se lo matan. De ahí en más no saben si existe.
“-Tú nos quieres decir que dejemos Luvina porque, según tú, ya estuvo bueno de aguantar hambres sin necesidad -me dijeron-. Pero si nosotros nos vamos, ¿quién se llevará a nuestros muertos? Ellos viven aquí y no podemos dejarlos solos.
“Y allá siguen. Usted los verá ahora que vaya. Mascando bagazos de mezquite seco y tragándose su propia saliva para engañar el hambre. Los mirará pasar como sombras, repegados al muro de las casas, casi arrastrados por el viento.
“-¿No oyen ese viento? -les acabé por decir-. Él acabará con ustedes.
“-Dura lo que debe de durar. Es el mandato de Dios -me contestaron-. Malo cuando deja de hacer aire. Cuando eso sucede, el sol se arrima mucho a Luvina y nos chupa la sangre y la poca agua que tenemos en el pellejo. El aire hace que el sol se esté allá arriba. Así es mejor.
“Ya no les volví a decir nada. Me salí de Luvina y no he vuelto ni pienso regresar.
“…Pero mire las maromas que da el mundo. Usted va para allá ahora, dentro de pocas horas. Tal vez ya se cumplieron quince años que me dijeron a mí lo mismo: ‘Usted va a ir a San Juan Luvina.’ En esa época tenía yo mis fuerzas. Estaba cargado de ideas… Usted sabe que a todos nosotros nos infunden ideas. Y uno va con esa plasta encima para plasmarla en todas partes. Pero en Luvina no cuajó eso. Hice el experimento y se deshizo…
“San Juan Luvina. Me sonaba a nombre de cielo aquel nombre. Pero aquello es el purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay ni quien le ladre al silencio; pues en cuanto uno se acostumbra al vendaval que allí sopla, no se oye sino el silencio que hay en todas las soledades. Y eso acaba con uno. Míreme a mí. Conmigo acabó. Usted que va para allá comprenderá pronto lo que le digo..
“¿Qué opina usted si le pedimos a este señor que nos matice unos mezcalitos? Con la cerveza se levanta uno a cada rato y eso interrumpe mucho la plática. ¡Oye, Camilo, mándanos ahora unos mezcales!
“Pues sí, como le estaba yo diciendo…”
Pero no dijo nada. Se quedó mirando un punto fijo sobre la mesa donde los comejenes ya sin sus alas rondaban como gusanitos desnudos.
Afuera seguía oyéndose cómo avanzaba la noche. El chapoteo del río contra los troncos de los camichines. El griterío ya muy lejano de los niños. Por el pequeño cielo de la puerta se asomaban las estrellas.
El hombre que miraba a los comejenes se recostó sobre la mesa y se quedó dormido.


por: Juan Rulfo (1917-1986)
 
 
 
 
 
Pedro Paramo
 
Juan Preciado vio morir a su madre Dolores en un hospital. Cuando ya estaba a punto de fallecer, ella le dijo que su último deseo era que fuera al pueblo de Cómala para que conociera a su padre: Pedro Páramo. Juan Preciado, por serle leal a su madre difunta, se dirigió a Cómala para conocer a su papá, que nunca había visto.

Cuando iba por un camino, de tierra, Juan Preciado se topó con un señor que era arriero. Juan le preguntó que si conocía el camino para ir a Cómala, este le respondió que si. Después, Juan le preguntó que si conocía a un hombre llamado Pedro Páramo. Rápidamente este le dijo que si, que el era su papá. Así que Juan decidió preguntarle su nombre, este le respondió que se llamaba Abundio. Al oír que su padre era Pedro, Juan se sorprendió porque se percató de que su padre no solo el, Juan, era su hijo.

Caminaron por el camino de tierra hasta llegar a Cómala. De inmediato Juan le dijo a Abundio que el pueblo parecía deshabitado. Que si sabía donde vivía Pedro.

Abundio le respondió que ya estaba muerto. Juan no sabía donde se iba a hospedar en Cómala, Abundio le dijo que se quedaría en la casa de una señora llamada Doña Eduviges.

Abundio lo llevo hasta donde Eduviges habitaba. Al llegar Juan tocó la puerta y rápidamente abrió la señora. Esta le dijo rápidamente que si el era el hijo de Dolores Preciado. Este le contestó que si, pero no tenía idea de cómo sabía. Así que le preguntó. Y la señora le contesto que su madre le platicaba mucho de el. El se sorprendió ante la respuesta de la señora ya que su madre ya estaba muerta. Y ella le dijo que le aviso que iba a ir.

Eduviges le dio un paseo por la casa a Juan. Le mostró su habitación.

Le comentó a Eduviges que de camino a Cómala se encontró a un arriero llamado Abundio, que el lo había conducido hasta su casa. Ella le respondió que Abundio ya estaba muerto.

Días después conoció a una tal Damiana. El creyó que era Eduviges la que había entrado. Pero fue cuando Damiana le comentó que la Doña ya estaba muerta.

Juan estaba muy sorprendido al darse cuenta que había estado platicando con muertos.


Cierta noche, Juan tuvo problemas para respirar y murió. Después de eso se enteró de cómo era su padre. Nadie lo quería. Era muy egoísta. También que se aprovechaba de cualquier mujer, y tenía muchos hijos.

Solamente Pedro Páramo amó a una mujer llamada: Susana San Juan.

Pedro Páramo fue asesinado por Abundio, su propio hijo quien estaba alcoholizado en ese momento. Le dio una puñalada, frente a Damiana, así que ella se lo llevó caminando. Y murió.

Murió en los brazos de Damiana.


Por: Flores Delgado Daniel Isaac     2.3       T/M

 
 
 
 
























































































































domingo, 3 de marzo de 2013


QUIERO que sepas

una cosa.

Tú sabes cómo es esto:

si miro

la luna de cristal, la rama roja

del lento otoño en mi ventana,

si toco

junto al fuego

la impalpable ceniza

o el arrugado cuerpo de la leña,

todo me lleva a ti,

como si todo lo que existe,

aromas, luz, metales,

fueran pequeños barcos que navegan

hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien,

si poco a poco dejas de quererme

dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto

me olvidas

no me busques,

que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco

el viento de banderas

que pasa por mi vida

y te decides

a dejarme a la orilla

del corazón en que tengo raíces,

piensa

que en ese día,

a esa hora

levantaré los brazos

y saldrán mis raíces

a buscar otra tierra.

Pero

si cada día,

cada hora

sientes que a mí estás destinado

con dulzura implacable.

Si cada día sube

una flor a tus labios a buscarme,

ay amor mío, ay mío,

en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,

mi amor se nutre de tu amor, amado,

y mientras vivas estará en tus brazos

sin salir de los míos.

Pablo Neruda

Elegí este poema porque creo que a todos nos recuerda lo mucho que podemos amar a alguien, puede ser con tanta intensidad que todo te recuerda a esa persona y puede ser tan débil que cuando te dice que se tiene que ir de tú lado te separas de esta persona sin ningún problema, como si su estadía junto a ti solo hubiera sido por un tiempo, tiempo de espera para el verdadero amor. Aunque cabe resaltar que tal vez se refería a que si lo amas tanto querrás que sea feliz, inclusive sin ti.

Cuento:

“Esta mañana arrojé el diario contra la pared. No estoy segura de por qué lo hice. Antes pensaba que los periódicos se centraban en las tragedias, pero ahora sé que lo único que les atrae es la violencia, que la muerte sin ella no interesa, por más que sea colectiva y te deje sola, que es la tragedia más grande que hay”. Así comenzaba el diario personal de Eriel, el que durante una década estuvo a la venta en una feria callejera de objetos usados, el que nadie compró al ojear sus primeras páginas y el que hace dos semanas fue adquirido por la Reina Sofía al conocer el contenido de todas las demás.

Cabe puntualizar que las notas no eran registradas con fechas, pero dicho documento adquiere la categoría de diario, y no de libro de apuntes, porque Eriel, cada vez que escribía, señalaba si era un lunes, jueves o sábado; envolviendo una historia lineal en una secuencia circular de días de la semana. Sin embargo, por los datos registrados y las averiguaciones realizadas por la actual institución propietaria, se estima que las vivencias descritas transcurrieron entre 1974 y 1979.

Un viernes en el que Eriel cayó en una de sus recurrentes depresiones, fue socorrida por un débil recuerdo extraído de su infancia, cuando sus padres le aplacaban sus ganas de ser mayor, cantándole:

 

“Si de verdad quieres crecer y no envejecer

Nunca vayas deprisa ni tampoco lento

el secreto es ir a la inversa del tiempo

pero nunca deprisa ni tampoco lento

sólo hay que ir a la velocidad del tiempo

para así comenzar a crecer y no envejecer

El que acelera el paso descubre la nostalgia

el que se queda en el momento se queda

mas el que decide crecer conservando al niño

avanza hacia atrás recuperando su inicio

y los recuerdos que traspasan el ombligo (bis)…”.

Cuando era niña no le prestaba mucha atención a la letra, sólo se dejaba llevar por la melodía que la hacía sentir arropada por un hogar. Recordaba algo más que la voz cálida de sus padres, recordaba cada uno de los instrumentos que armonizaban la letra; y, envuelta en esas sensaciones, comenzó a sentirse bien, verdaderamente bien. Era como si el recuerdo pasara a ser un presente que la introducía en un espacio donde la tristeza y la rabia estaban prohibidas. No obstante, el hambre y luego el sueño la sacaron de su burbuja, pero la sonrisa se quedó en su rostro.

A la mañana siguiente, Eriel se despertó con la firme idea de conseguir esa canción –cruzada que marcó el interés del museo por el diario–. Recorrió todas las discográficas de su ciudad sin éxito, y tampoco lo tuvo al preguntarle a sus amigos y conocidos. A raíz de eso, dejó su trabajo, cogió una mochila y recorrió todos los países hispanohablantes durante unos cuatro años.

Debido al desconocimiento de los entendidos, y no entendidos, decidió preguntarle a cualquier desconocido si le sonaba esa canción (Eriel estaba segura de que no era una canción inventada por sus padres, porque recordaba con claridad la música, y ellos no sabían tocar ningún instrumento ni mucho menos componer). Así que Eriel ingenió muchas formas para llegar a la gente y otras tantas para conseguir financiación, que fueron narradas hasta la penúltima página del diario. Coordinó una serie de obras con el Teatro de los Andes para adentrarse en decenas de comunidades recónditas, convenció a Alberto Spinetta y a Mercedes Sosa para realizar actuaciones en varias ciudades y pueblos de Argentina… y montó un centenar de acciones con actores callejeros y músicos de 18 países. Pero ninguna persona le dio lo que buscaba.

Al terminar su diario, en el lunes final, Eriel escribió: “Convencida de que yo era quien le había puesto instrumentos a esa canción familiar, decidí irme a cualquier parte. Estiré la mano y un autobús amarillo se detuvo. Había un asiento vacío junto a la ventana, al lado de un niño que llevaba un mandil con el nombre Gonzalo bordado en el pecho. El bus comenzó a moverse mientras yo no podía retener las lágrimas de impotencia, de fracaso. Traté de animarme para no llamar la atención y por manía comencé a tararear la melodía de mi canción. Y ese niño, Gonzalo, comenzó a cantar, y le siguió un joven canoso, y después un hombre muy arrugado que estaba delante, y siguieron todos los demás, hasta el chofer. Era hermoso escucharlos…

El que acelera el paso descubre la nostalgia

el que se queda en el momento se queda

mas el que decide crecer conservando al niño

avanza hacia atrás recuperando su inicio

y los recuerdos que traspasan el ombligo

Si de verdad quieres crecer y no envejecer

recuerda que el juego es el principio de todo

y recuerda que ser parte es el único modo

pero es necesario que recuerdes ante todo

que sin arrugas nunca encontrarás el modo

de retomar las huellas para no envejecer…

 Y mientras los escuchaba, me di cuenta de que el bus avanzaba marcha atrás”.

 

 

Ensayo:

Pedro Paramo el hombre con más poder de todo el lugar, y con un corazón lleno de rabia y ganas de venganza, por supuesto con todo lo que se necesita para conseguir cualquier objetivo que se ponga.

Lo único que importa en la vida es tener todo eso que uno quiere aunque muchas veces no nos demos cuenta o ni siquiera tengamos idea de lo que es, así que no pongamos odio en nuestros corazones, y menos un odio que no nos corresponde, no cometamos errores como los de Pedro Paramo, porque sus errores son de esos incorregibles, que dejan marcada tu vida y no te dejan vivir en paz.

A mi parecer la película, es muy buena interpretación de una vida, que nos da una historia y de ella nace toda una posibilidad de sentimientos; así como  desde suspenso hasta amor del de verdad y el más pasional que puede haber.

 por: Medhelyn Itzel Aguirre Pérez